El Niño, La Niña y el cambio climático: el Mediterráneo afronta el riesgo de danas cada vez más destructivas

Las lluvias superiores a 700 litros por metro cuadrado reavivan el debate sobre la prevención y la preparación ciudadana ante inundaciones.

El Niño, La Niña y el cambio climático: el Mediterráneo afronta el riesgo de danas cada vez más destructivas

El cambio climático está aumentando la intensidad de las lluvias extremas en el Mediterráneo, una región especialmente vulnerable a las inundaciones repentinas. Los fenómenos conocidos como El Niño y La Niña también influyen en el clima mundial, aunque su relación con las danas españolas es compleja y no permite anticipar directamente cuándo se producirá una catástrofe.

La preocupación vuelve a crecer después de los episodios de precipitaciones torrenciales registrados en la Comunidad Valenciana. Las acumulaciones superiores a 700 litros por metro cuadrado han dejado de ser una posibilidad exclusivamente teórica: ya se han medido en situaciones meteorológicas recientes.

Además, la investigación científica aporta nuevas pruebas sobre el papel del calentamiento global. Un estudio difundido por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en febrero de 2026 concluyó que el cambio climático intensificó las tormentas asociadas a la devastadora dana de Valencia de octubre de 2024.

El Niño y La Niña: dos fenómenos que influyen en el clima mundial

Para comprender estos cambios conviene distinguir dos fenómenos naturales que se desarrollan principalmente en el océano Pacífico ecuatorial.

El Niño aparece cuando las aguas superficiales de una amplia zona del Pacífico tropical se calientan por encima de sus valores habituales. Este calentamiento altera la circulación atmosférica y puede modificar las temperaturas y las precipitaciones en distintas regiones del planeta.

La Niña, por el contrario, se caracteriza por un enfriamiento de esas mismas aguas. Sus efectos también alcanzan diferentes continentes, aunque no siempre son exactamente opuestos a los de El Niño.

Ambos forman parte de un fenómeno climático natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur. Sin embargo, sus consecuencias varían según la región, la estación del año y otras condiciones atmosféricas.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirma que durante 2026 se ha desarrollado un episodio intenso de El Niño. Según sus previsiones de septiembre, el fenómeno continuará influyendo en las temperaturas y las lluvias de numerosas regiones durante los próximos meses.

Ahora bien, no existe una relación directa y automática entre El Niño o La Niña y la aparición de danas en España. La influencia de estos fenómenos sobre las precipitaciones europeas cambia con el tiempo y continúa siendo objeto de investigación.

Un Mediterráneo más cálido puede alimentar tormentas más intensas

El calentamiento del mar Mediterráneo constituye una de las principales preocupaciones de los investigadores. Cuando aumenta la temperatura del agua, también puede incrementarse la cantidad de vapor disponible para alimentar las tormentas.

Además, una atmósfera más cálida puede contener más humedad. Por ello, cuando coinciden las condiciones meteorológicas adecuadas, las precipitaciones pueden alcanzar intensidades extraordinarias.

Una dana es una depresión aislada en niveles altos de la atmósfera. Su presencia no provoca necesariamente lluvias catastróficas. Sin embargo, cuando coincide con abundante humedad, inestabilidad y una configuración favorable de los vientos, puede contribuir a desencadenar episodios torrenciales.

También interviene el relieve. Las montañas próximas al litoral pueden favorecer que el aire húmedo ascienda y se formen precipitaciones persistentes sobre determinadas comarcas.

De hecho, la AEMET publicó en febrero de 2026 los resultados de una investigación que cuantifica la influencia del cambio climático en la dana valenciana de 2024.

Según ese estudio, el calentamiento provocado por la actividad humana incrementó un 21% la intensidad de las precipitaciones dentro del día y elevó un 19% el volumen total de lluvia registrado en la cuenca del Júcar.

Asimismo, la superficie afectada por precipitaciones extremas superiores a 180 milímetros aumentó un 55% como consecuencia del calentamiento global, según los resultados de la investigación.

Estos datos respaldan la preocupación por la intensidad de las tormentas. No obstante, no demuestran que todas las danas vayan a ser más frecuentes ni permiten calcular cuántas se producirán en los próximos años.

Más de 700 litros por metro cuadrado: una cantidad que ya se ha registrado

La dana del 29 de octubre de 2024 dejó uno de los registros de precipitación más extraordinarios documentados en España.

En la estación de Turís, en Valencia, la AEMET contabilizó alrededor de 772 litros por metro cuadrado en 24 horas. Además, se registraron 621 litros en seis horas y 720 litros en doce horas.

Estas cantidades ayudan a comprender la capacidad destructiva de una lluvia torrencial cuando el agua se concentra rápidamente en barrancos, ramblas y zonas habitadas.

Más recientemente, la dana Adam de octubre de 2026 ha vuelto a provocar precipitaciones extraordinarias en el litoral sur de Valencia y el norte de Alicante. Las informaciones publicadas sobre este episodio sitúan algunos acumulados por encima de los 700 litros por metro cuadrado.

Por tanto, hablar de episodios capaces de superar ese umbral no supone plantear un escenario desconocido. Sin embargo, no existe una previsión científica que permita afirmar que todas las futuras danas alcanzarán esas cantidades.

Juan Bordera reclama preparar a la población antes de las inundaciones

Ante este escenario, Juan Bordera, vinculado al análisis y la divulgación de la crisis climática, insiste, según la información facilitada a esta redacción, en la necesidad de implantar protocolos dirigidos a la población.

Su planteamiento pone el foco en evitar que vuelvan a producirse tragedias como la dana que arrasó numerosos municipios valencianos en octubre de 2024.

La prevención ciudadana cobra especial relevancia porque las inundaciones repentinas pueden desarrollarse con enorme rapidez. Además, conocer previamente cómo actuar ante una alerta puede ayudar a reducir la exposición al peligro.

Entre las medidas preventivas respaldadas por los servicios de emergencias se encuentran evitar desplazamientos durante los episodios más peligrosos, no atravesar zonas inundadas y prestar atención a las instrucciones oficiales.

También resulta fundamental que la población conozca los riesgos de su entorno. En concreto, vivir cerca de un barranco o en una zona inundable puede exigir una preparación diferente a la de otros lugares.

La experiencia valenciana ha reforzado el debate sobre la rapidez de los avisos, la coordinación de las administraciones y la educación ciudadana frente a las inundaciones.

El riesgo también obliga a mirar hacia Andalucía

La preocupación por las lluvias extremas no se limita a la Comunidad Valenciana. Andalucía también cuenta con territorios expuestos a inundaciones, especialmente en áreas próximas a cauces, ramblas y zonas urbanas vulnerables.

En el litoral mediterráneo andaluz, provincias como Málaga, Granada y Almería pueden verse afectadas por episodios de precipitaciones intensas asociados a situaciones de inestabilidad atmosférica.

Por otra parte, la provincia de Cádiz también presenta zonas inundables, aunque sus características meteorológicas y geográficas son diferentes de las del litoral mediterráneo oriental.

Municipios como Jerez de la Frontera y San Fernando deben contemplarse desde sus propios mapas de riesgo y planes de emergencia, sin trasladar automáticamente las previsiones de otras regiones.

Así, la preparación frente a inundaciones debe responder a las características de cada territorio y a los avisos emitidos para cada episodio concreto.

La prevención, una respuesta necesaria ante las lluvias extremas

La Organización Meteorológica Mundial advierte de que el calentamiento global puede amplificar los efectos de determinados fenómenos meteorológicos extremos. Sin embargo, aclara que no existen pruebas suficientes para afirmar que el cambio climático esté aumentando por sí mismo la frecuencia o intensidad de El Niño.

En el Mediterráneo, los estudios sobre lluvias extremas ofrecen una señal más concreta: una atmósfera y un mar más cálidos pueden favorecer precipitaciones más intensas cuando se dan las condiciones adecuadas.

Por ello, el debate ya no se limita a mejorar las predicciones meteorológicas. También alcanza a la información que reciben los ciudadanos, la preparación de los municipios y la capacidad de reaccionar antes de que el agua llegue a las calles.

La dana valenciana de 2024 y las nuevas inundaciones de octubre de 2026 han vuelto a situar esa necesidad en primer plano. La ciencia permite comprender mejor el peligro; la prevención busca reducir sus consecuencias sobre la población.

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