Navantia se rompe por dentro: 23 días en una grúa y un comité en contra
El conflicto en Navantia San Fernando escala: dos trabajadores en una grúa y división sindical.

Navantia se rompe por dentro: apoyo, rechazo y una protesta que no termina
La tensión en el astillero de Navantia San Fernando ha alcanzado un punto de no retorno. Lo que comenzó como una protesta desesperada se ha convertido en un pulso de resistencia que ya dura 23 días. Manuel Balber y Jesús Galván, dos trabajadores de la industria auxiliar, permanecen subidos a una de las grúas del recinto, desafiando el paso del tiempo, el cansancio y, lo más sorprendente, el propio criterio del comité de empresa.
23 días a 50 metros de altura por unas «listas negras»
La razón de este encierro en las alturas es la supuesta existencia de «listas negras» en el sector naval de la Bahía de Cádiz. Según los protagonistas de esta acción, estas listas impiden que trabajadores con trayectoria reivindicativa puedan ser contratados por las empresas auxiliares que operan para Navantia. Manuel y Jesús exigen justicia laboral y transparencia, pero su método ha generado una grieta profunda en la unidad sindical de La Isla.
Mientras el apoyo social en las redes y en la puerta del astillero crece, el ambiente dentro de los muros de la factoría es radicalmente distinto. La dirección observa con preocupación y el comité de empresa ha roto finalmente su silencio con un mensaje que ha dejado helados a muchos.

El Comité de Empresa dice «basta»
En un comunicado que ha sacudido los cimientos del conflicto, el Comité de Empresa de Navantia San Fernando ha rechazado de forma tajante la forma en la que se está llevando a cabo esta protesta. Lejos de solidarizarse con el encierro, los representantes de los trabajadores advierten de las consecuencias negativas que esta situación está acarreando para el astillero.
«Esta forma de protesta no solo pone en riesgo la seguridad de las personas, sino que daña gravemente la imagen de nuestro astillero y, por ende, el futuro de la carga de trabajo en San Fernando.»
El comité argumenta que este tipo de acciones individuales, fuera de los cauces legales de negociación, pueden espantar a potenciales clientes internacionales y poner en duda la estabilidad de la factoría isleña. Para muchos trabajadores veteranos, el miedo a perder contratos vitales para la ciudad pesa más que la solidaridad con la causa de Balber y Galván.
División sindical y futuro incierto
La división es total. Por un lado, los sindicatos mayoritarios del comité abogan por la vía institucional y la calma. Por otro, colectivos como la CTM (Coordinadora de Trabajadores del Metal) mantienen su respaldo incondicional a los dos compañeros que siguen en la grúa, considerando que el comité ha dado la espalda a la clase obrera más vulnerable.
- Manuel Balber: Exige la retirada inmediata de los vetos laborales.
- Jesús Galván: Asegura que no bajarán hasta obtener un compromiso real.
- Navantia: Mantiene la operatividad, pero con la mirada puesta en la grúa.
El conflicto ha trascendido lo laboral para convertirse en un debate ético sobre los límites de la protesta. ¿Es legítimo poner en riesgo la reputación de una empresa pública por una causa personal? ¿Existen realmente esas listas negras que el comité no parece querer denunciar con la misma vehemencia?
Un astillero bajo la lupa
San Fernando vive pendiente de lo que ocurre en el astillero. Cada mañana, los vecinos miran hacia la grúa para comprobar si los dos operarios siguen allí. Mientras tanto, la brecha entre la plantilla fija y los trabajadores de las auxiliares se ensancha, dejando a Navantia en una situación de «romperse por dentro» justo cuando la carga de trabajo parecía garantizar unos años de tranquilidad.
¿Crees que el comité de empresa debería apoyar a sus compañeros o tienen razón al proteger la imagen del astillero? Déjanos tu opinión.




