Meta y las elecciones: los escándalos del pasado que alimentan las sospechas de manipulación electoral
El caso Cambridge Analytica y las investigaciones europeas reabren el debate sobre el poder de Facebook e Instagram ante futuras citas electorales.
Meta y las elecciones: los escándalos del pasado que alimentan las sospechas de manipulación electoral
La influencia de Meta en los procesos electorales vuelve a despertar interrogantes ante las próximas citas con las urnas. La compañía propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp arrastra antecedentes relacionados con el uso indebido de datos personales, la propaganda política y la desinformación. Además, la Comisión Europea mantiene bajo vigilancia distintas prácticas de sus plataformas que podrían afectar al debate democrático.
El caso más conocido es el de Cambridge Analytica, la consultora que obtuvo indebidamente información de millones de usuarios de Facebook para elaborar perfiles electorales. Sin embargo, no es el único episodio que explica las preocupaciones actuales. Bruselas también ha investigado cómo Meta gestiona la publicidad engañosa, la difusión de contenidos políticos y el acceso de los investigadores a sus datos.
La cuestión exige distinguir tres situaciones: el uso de Facebook por terceros para influir en elecciones, las responsabilidades de la plataforma y una posible intervención deliberada de la propia empresa. Aunque existen hechos documentados sobre las dos primeras, no hay pruebas públicas suficientes en las fuentes consultadas para afirmar que Meta esté organizando una operación destinada a alterar las próximas elecciones.
Cambridge Analytica: el escándalo que marcó las elecciones de 2016
El origen de buena parte de estas sospechas se encuentra en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016. Cambridge Analytica utilizó información obtenida de usuarios de Facebook para elaborar perfiles y orientar mensajes políticos. Posteriormente, las autoridades estadounidenses investigaron cómo había conseguido esos datos y qué responsabilidad correspondía a las empresas implicadas.
En diciembre de 2019, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC) concluyó que Cambridge Analytica había empleado prácticas engañosas para recopilar información personal de decenas de millones de usuarios. Además, determinó que esos datos se habían utilizado para elaborar perfiles de votantes y dirigir mensajes específicos.
La información procedía de una aplicación desarrollada por el investigador Aleksandr Kogan. Esta recopilaba datos de quienes la utilizaban y también de sus contactos en Facebook. De este modo, la obtención de información se extendió a personas que no habían instalado directamente la aplicación.
El escándalo afectó gravemente a la reputación de Facebook. Sin embargo, conviene precisar que la resolución contra Cambridge Analytica no demostró que Facebook hubiera diseñado una operación propia para decidir el resultado electoral. Tampoco estableció que el uso de aquellos datos hubiera determinado quién ganó las elecciones.
Facebook fue sancionada por ocultar riesgos relacionados con los datos
Las consecuencias del escándalo alcanzaron directamente a la compañía tecnológica. En 2019, la Comisión de Bolsa y Valores estadounidense (SEC) actuó contra Facebook por sus comunicaciones a los inversores sobre los riesgos de utilización indebida de información personal.
Según el organismo, Facebook conocía desde diciembre de 2015 que un investigador había vendido indebidamente información de millones de usuarios a Cambridge Analytica. Pese a ello, durante un periodo posterior presentó públicamente el riesgo de uso indebido de datos como una posibilidad hipotética.
La empresa recibió una sanción civil de 100 millones de dólares en este procedimiento. Por tanto, el caso dejó acreditados problemas de transparencia y responsabilidad empresarial, aunque esa sanción no equivalía a una condena por manipular directamente unas elecciones.
Bruselas investiga los riesgos electorales de Facebook e Instagram
Las preocupaciones también llegaron a Europa. El 30 de abril de 2024, la Comisión Europea abrió un procedimiento formal contra Meta para examinar posibles incumplimientos de la Ley de Servicios Digitales.
La investigación incluyó las prácticas relacionadas con publicidad engañosa, campañas de desinformación y comportamientos coordinados de cuentas que aparentan actuar de manera independiente. Además, Bruselas cuestionó la forma en que Facebook e Instagram gestionaban la visibilidad del contenido político.
Otro punto de conflicto fue la desaparición de CrowdTangle, una herramienta que permitía a periodistas e investigadores seguir la circulación pública de contenidos. Meta suspendió su funcionamiento en agosto de 2024. Por ello, la Comisión reclamó información sobre las alternativas disponibles para supervisar los riesgos electorales.
En marzo de 2026, la Comisión confirmó que continuaba examinando el cumplimiento de las obligaciones de Meta. Asimismo, recordó que en octubre de 2025 había apreciado preliminarmente incumplimientos relacionados con el acceso de investigadores acreditados a datos públicos.
Estas actuaciones muestran una preocupación institucional sostenida. No obstante, abrir una investigación o comunicar conclusiones preliminares no equivale a demostrar que Meta haya manipulado el resultado de unas elecciones.
España también frenó herramientas electorales de Meta
España cuenta con un antecedente especialmente relevante. En mayo de 2024, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ordenó suspender temporalmente dos herramientas electorales que Meta pretendía desplegar en Facebook e Instagram con motivo de las elecciones europeas.
Los sistemas estaban diseñados para ofrecer información relacionada con la participación electoral. Sin embargo, la autoridad española cuestionó el tratamiento de datos personales que implicaban, incluidos elementos relacionados con la identificación de posibles votantes.
Meta discrepó de la valoración de la autoridad de protección de datos, aunque aceptó cumplir la suspensión. El episodio evidenció que incluso las herramientas presentadas como recursos de información electoral pueden suscitar problemas de privacidad. Eso no significa, por sí mismo, que estuvieran concebidas para favorecer a una candidatura.
Las elecciones de 2026 y el temor a nuevas campañas de influencia
El debate continúa ante las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre de 2026 y otros procesos electorales internacionales. Meta ha anunciado medidas para combatir la interferencia extranjera, las cuentas falsas y la difusión de información engañosa sobre cómo votar.
La propia compañía sostiene que ha eliminado alrededor de 200 redes de comportamiento coordinado no auténtico desde 2017. También asegura que mantiene equipos especializados para detectar operaciones de influencia y proteger los procesos electorales.
Estas cifras proceden de Meta y describen sus propias actuaciones. Por otra parte, la existencia de redes desmanteladas confirma que sus plataformas han sido utilizadas para intentar influir de forma encubierta en conversaciones públicas. No demuestra que la empresa haya dirigido esas campañas.
El desarrollo de la inteligencia artificial añade otra preocupación. Los contenidos sintéticos pueden utilizarse para fabricar mensajes políticos engañosos o suplantar identidades. Sin embargo, Meta afirmó que durante las elecciones mundiales de 2024 las redes de influencia detectadas solo habían obtenido ventajas limitadas mediante inteligencia artificial generativa.
¿Puede repetirse una interferencia electoral?
Los antecedentes permiten identificar riesgos concretos: recopilación indebida de información personal, publicidad política dirigida, campañas encubiertas y dificultades para supervisar los contenidos que circulan en las plataformas.
Además, las decisiones empresariales sobre qué publicaciones se recomiendan o reciben mayor visibilidad pueden influir en el acceso de los ciudadanos a la información política. Precisamente por eso, las autoridades europeas exigen medidas de transparencia y evaluación de riesgos.
Sin embargo, no existe evidencia pública suficiente en las fuentes examinadas para afirmar que Meta esté preparando una nueva manipulación electoral. Confundir los riesgos acreditados con una operación futura ya demostrada supondría presentar una sospecha como un hecho.
El precedente de Cambridge Analytica, las sanciones estadounidenses y las investigaciones europeas explican por qué Facebook e Instagram siguen bajo escrutinio. La cuestión de fondo es hasta qué punto sus mecanismos de control y transparencia permiten detectar interferencias antes de que afecten al debate electoral.



