La subida de la gasolina por el conflicto en Irán este marzo de 2026 ha vuelto a activar un mecanismo voraz en los surtidores de Jerez. El atraco ya no se oculta tras un pasamontañas, se exhibe con luces LED. Bajo la burda excusa de la tensión bélica, las petroleras activan su ingeniería del miedo para desplumar al consumidor. Pero lo más sangrante es la pasividad ciudadana de una sociedad que acepta un «tarifazo» que desafía toda lógica.
Es una estafa a plena luz del día: el combustible de hoy fue comprado hace meses a precios estables. España cuenta con reservas estratégicas, pero las gasolineras aplican la subida de la gasolina de forma instantánea, aprovechando el bombardeo mediático para saquear el bolsillo de un ciudadano que se comporta como un «borreguito» ante el matadero.
¿Por qué la pasividad ante la subida de la gasolina?
Los señores del petróleo juegan con la psicología de la resignación. Saben que si el miedo cala, el consumidor pagará lo que le echen. Esta parálisis social es el verdadero combustible de sus beneficios récord. Nos han convencido de que somos víctimas de la geopolítica, cuando somos víctimas de una especulación voraz. Mientras el ciudadano siga pagando en silencio la subida de la gasolina, ellos seguirán apretando la manguera al cuello de la economía familiar.
Es necesario que la sociedad civil despierte y exija transparencia. No podemos permitir que el miedo sea la herramienta para vaciar nuestros bolsillos mientras las reservas de petróleo siguen intactas. La indignación debe pasar del sofá a la acción antes de que el precio por litro sea inasumible y la subida de la gasolina acabe con nuestro poder adquisitivo definitivamente.




